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PRENSA - MARZO DE 2013

Esto no es libre determinación. Es un vestigio colonial al estilo de Ruritania.*

Seumas Milne
Martes 12 de marzo de 2013

 

El voto por la soberanía británica en el referéndum de las Falklands esquiva el tema. Es hora de negociar una solución con Argentina.

 

La población de Hong Kong y de Chagos no tuvieron referendum. Hay reglas distintas, así parece, para la gente blanca. Ilustración: Belle Mellor

Cuando hay un 99,8% de votos positivos en un referendum, seguramente algo raro está pasando. Y, a pesar de la insistencia de David Cameron de que el voto al estilo norcoreano en las Islas Falkland – o Malvinas, como son conocidas en Argentina – debería ser tratado con “reverencia”, esa regla básica claramente se aplica a este caso.

Lo que no significa que haya habido fraude. Sin duda los 1.514 residentes de las islas realmente votaron a favor de continuar bajo administración británica. La única sorpresa fue que tres isleños se animaron a arruinar los entusiastas coros de “Tierra de Esperanza y Gloria” votando en contra.

La votación tenía un resultado más que predecible y estuvo diseñada para eludir la disputa de Gran Bretaña con Argentina sobre las islas, que comenzó hace 180 años cuando una de las cañoneras de Lord Palmerston se apoderó de ellas, expulsando a la administración argentina.

¿Qué otro resultado podría concebirse si el futuro de las islas se deja en manos de la minúscula población de colonos, la mayoría de los cuales no nació allí pero están subsidiados a razón de 44.856 libras esterlinas per cápita para mantenerlos al estilo retro Rhodesiano al que están acostumbrados?

Al otorgarles a los colonos el veto sobre cualquier cambio en el status de las islas, el gobierno británico está tratando de evitar el tema central del conflicto. Pero no será reconocido por la Argentina o América Latina, o África, o la ONU – que considera esta reliquia del imperio como un problema de descolonización – o los Estados Unidos, que se mantiene neutral sobre la disputa. Todos exigen negociaciones sobre soberanía, las cuales Gran Bretaña rechaza.
Se argumenta que los isleños tienen el derecho a la libre determinación, aún encontrándose a 300 millas de Argentina y al otro lado del mundo con relación a Gran Bretaña. Ciertamente tienen derecho a que se protejan sus intereses y su modo de vida, y a su propio gobierno. Pero el derecho a la libre determinación depende de quién está decidiendo el futuro del territorio, y dado que la disputa es sobre si las islas son o no parte de Argentina, también se trata de quién debería ejercer ese derecho.

La libre determinación requiere un pueblo reconocido como tal y potencialmente independiente, motivo por el cual la ONU rechazó su aplicación a las islas. Claramente los residentes de, por ejemplo, Wallops en Hampshire, con una población de similar tamaño a la de las Falklands-Malvinas, no pueden ejercer ese derecho. La colonización forzada de las tierras de otros pueblos tampoco legitima la libre determinación; de lo contrario, los colonos israelíes en Cisjordania tendrían el derecho a decidir el futuro del territorio palestino.

De hecho, los gobiernos británicos solo desarrollaron un gusto por la libre determinación después de ser forzados a abandonar la mayor parte de su imperio y encontraron una manera de retener enclaves coloniales de poblaciones dependientes en lugares como Gibraltar e Irlanda del Norte.

Pero siempre ha sido un tema con variadas alternativas: no hubo una votación sobre libre determinación para el pueblo de Hong Kong o de las Islas Chagos, expulsados por Gran Bretaña hace cuatro décadas para instalar una base aérea estadounidense en Diego García. Hay reglas distintas, así parece, para la gente blanca.
Aun así, las sucesivas administraciones británicas estuvieron dispuestas a negociar con Argentina por las Falklands-Malvinas, incluyendo la soberanía de las islas, desde mediados de la década del 60 y hasta 1982. Pero desde la guerra de las Falklands, su legado ha afianzado un absurdo digno de Ruritania en el Atlántico Sur con un costo de £75 millones al año.

La derrota de la junta militar contribuyó a liberar a la Argentina de los despiadados dictadores que contaban con el respaldo occidental. Pero el éxito militar fue un desastre para Gran Bretaña: rescató a Margaret Thatcher de las profundidades de la impopularidad para desatar una devastadora terapia de choque neoliberal y reanudar las aventuras militares de ultramar (que se completaron con crímenes de guerra de escasa difusión, tales como los asesinatos de prisioneros argentinos).

El escritor argentino Jorge Luis Borges desestimó la guerra como “dos pelados peleando por un peine”. Una generación más tarde, el descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas potencialmente importantes alrededor de las islas, el desarrollo de la pesca y la creciente importancia de las rutas marítimas en la Antártida han cambiado el panorama.

Esta ha sido la sabiduría política después de la guerra de 1982, en la que murieron más de 900 personas, ningún político británico podía asumir el costo político de siquiera insinuar un acuerdo sobre las Falklands. Pero las cartas de Argentina son más fuerte de lo que parecen. La explotación de los yacimientos de hidrocarburos de las islas a una escala significativa depende del acceso al territorio continental argentino, al igual que un auténtico desarrollo de la economía de las islas.

La negativa británica a negociar con una Argentina democrática, cuando no tenía problema alguno para entablar conversaciones con los dictadores del país, no tiene apoyo significativo en la comunidad internacional: mucho menos en América Latina, que vive un boom desde hace una década, mientras que las economías de Gran Bretaña y Europa están estancadas.

Durante años, se exploraron alternativas para llegar a un acuerdo, incluyendo la soberanía compartida, administración conjunta y retroarriendo. Una solución negociada redundará en el interés de Gran Bretaña, Argentina y los isleños. Cuanto antes se termine con el cuento del traje nuevo del emperador que se fabula sobre las Falklands, mejor para todos.


* NdelT: Ruritania: Reino imaginario de Europa Central, utilizado en varias novelas, en particular “El Prisionero de Zenda”, del autor inglés Anthony Hope.

 

Enlace: www.guardian.co.uk


 

PRENSA - MARZO DE 2013

Este referéndum en las Falklands no significa ni resolverá nada

Richard Norton-Taylor
Sábado 9 de Marzo de 2013

 

Los isleños de las Falklands votan para continuar siendo parte del Reino Unido, pero no se resolverá ninguno de los problemas de soberanía con Argentina.

En los próximos días, se consultará a alrededor de 1.600 habitantes de las Islas Falkland si quieren “retener su status político actual como territorio de ultramar del Reino Unido”.

Nunca antes en la historia británica ha sido tan previsible el resultado de un referéndum, ni tan provocativo su propósito. El referéndum que se realizará el domingo y el lunes no solucionará nada. Exacerbará cansados y anacrónicos argumentos sobre soberanía.

La pregunta estará acompañada por una explicación: “Según la constitución de las Islas Falkland, el pueblo de las Islas Falklands tiene derecho a la libre determinación, el cual puede ejercer en cualquier momento”.

Expliquémosles eso a los habitantes de las Islas Chagos, expulsados para que Gran Bretaña pudiera establecer su “Territorio del Océano Índico” y permitir a Estados Unidos construir una base sobre la isla más grande del archipiélago, Diego García, desde donde los aviones bombardean blancos en Iraq y Afganistán, y los aviones de la CIA se reabastecen para llevar personas a la Bahía de Guantánamo.

El Consejo Ejecutivo de las Falklands, compuesto por tres miembros de la Asamblea Legislativa, insiste en que las islas no son una “colonia” a pesar de que el gobernador es designado desde Londres y tiene la autoridad de imponer leyes a los habitantes. Describe a las islas como “completamente autónomas, salvo en cuestiones de defensa y relaciones exteriores”. También dice que el Consejo “puede reconsiderar su status en cualquier momento. Esto podría incluir plena independencia”.

El referéndum, por supuesto, es un instrumento para fortalecer la posición de los gobiernos del Reino Unido y las Falklands mientras Argentina intensifica su llamado a negociar sobre la soberanía de las islas.

La disputa sobre soberanía existe desde hace siglos, y Gran Bretaña nunca ha tenido mucha confianza en su reclamo sobre las islas. En 1929 el Duque de Wellington observó: "He revisado todos los papeles relativos a las Malvinas. De ninguna manera encuentro claro que alguna vez hayamos sido titulares de la soberanía de dichas islas".

Gran Bretaña estaba incluso dispuesta a llegar a un acuerdo con la junta militar de Galtieri durante los años anteriores a la invasión de las islas en 1982. Los documentos que se hicieron públicos recientemente tras “la regla de los 30 años” demostraron que la política británica era negligente y consistía en esperar lo mejor, como dijo Lord Carrington, el Secretario de Relaciones Exteriores de Thatcher, en una reunión privada del comité conformado para analizar las circunstancias que llevaron a la invasión de 1982.

“Si tengo que ser muy franco y casi grosero, había que mantener la pelota con los argentinos. Ese era el objetivo. No teníamos ninguna carta en la mano”.

Carrington agregó: “Había muchas razones por las que llegar a un acuerdo hubiera sido beneficioso para todos. Si no podés darte el lujo de defender un lugar… lo único que podés hacer es mantener las negociaciones la mayor cantidad de tiempo posible, ya sea que vayan a ser exitosas o no”.

Con relación a un plan de retroarriendo sugerido por el Foreign Office un año antes, manifestó: “Lo que recuerdo es que las conversaciones con Argentina no iban tan mal y al comienzo los isleños no reaccionaron demasiado fuertemente, pero la Cámara de los Comunes reaccionó de manera muy fuerte”. Los documentos revelan que Thatcher misma estaba dispuesta a negociar con Argentina incluso después de la invasión, mientras el operativo británico se dirigía a las islas.

Argentina cuestiona el derecho a la libre determinación para los habitantes de las islas como lo exige Gran Bretaña. No deberían tener ese derecho, asevera Argentina, pero continuarán gozando de todos sus derechos humanos, civiles, políticos y culturales, su modo de vida, como lo hacen las minorías en otros países alrededor del mundo.

Las resoluciones de las Naciones Unidas sobre la disputa, de las que ha habido 40, no se refieren a la libre determinación sino a los “intereses” de los isleños. Los intentos en las Naciones Unidas por parte de Gran Bretaña para incluir la frase no han tenido éxito. La ONU declara que la disputa sobre la soberanía debe ser resuelta por medio de negociaciones bilaterales, entre Argentina y Gran Bretaña, no con los isleños.

Según cifras recientes, la mayoría de los habitantes no nacieron en las Falklands. Por primera vez el año pasado, dice Argentina, el censo no ofreció información sobre las personas que nacieron en las islas. Sin embargo, a los habitantes se les consultó sobre cuál consideraban que era su identidad nacional. Una mayoría respondió “Falklanders”. En su visita a Londres el mes pasado, Héctor Timerman, el Canciller argentino, dijo que no existen los “Falklander”.

Los habitantes de las islas son británicos, sostiene Argentina, pero el territorio no lo es. Es una cuestión de integridad territorial. Un visitante de Marte se sorprendería si alguien le dijera lo contrario. Un acuerdo que consagre derechos fundamentales – políticos, humanos, sociales, económicos, culturales – protegidos por la ley, traería beneficios más sanos y prácticos para los habitantes de las Falklands que una disputa estéril sobre soberanía. Este es un concepto que en todo caso se ha ido debilitando a lo largo de los años a medida que las naciones, incluida Gran Bretaña, aceptaron seguir las reglas y obligaciones, así como los beneficios, de los acuerdos internacionales militares, económicos y comerciales.

Así que, como han dejado en claro los países de la región, a través de su Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el próximo referéndum en las Falklands no tiene significado alguno.

Este artículo fue modificado el 11 de Marzo de 2013, para arreglar la fecha del comentario del Duque de Wellington acerca de la soberanía de las islas Falkland que debe decir 1829.

 

Enlace: www.guardian.co.uk


 


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